Escrito por: Psic. Verónica Burgos Castro.
Es bastante común escuchar a las personas decir que uno de los temores mayores que sienten es tener que ir al Odontólogo. "Es el sonido de ese taladrito que me pone los pelos de punta" dice la gente. La ansiedad o la fobia que esta visita les produce es uno de los puntos a tratar en este artículo, además de cómo el especialista puede abordar psicológicamente este tipo de casos. Este es un tema bastante extenso pero que se presenta a continuación de una manera explicativa, concreta, y nada angustiante. Primero vale la pena comenzar abordando el tema de la ansiedad, miedo y fobias y asociarlas con la visita odontológica; para lo cual deben establecerse las diferencias entre estos términos.
La ansiedad es definida, según el diccionario de la Real Academia Española, como un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. Por otro lado, el Compendio de Psiquiatría (Freedman, Kaplan y Sadock, 1975) define la ansiedad como un afecto desagradable que consiste en manifestaciones psicofisiológicas como respuesta a un conflicto intrapsíquico. Vale decir, que a diferencia del miedo y las fobias, en la ansiedad el peligro o amenaza es irreal, es decir, no tiene fundamento en la realidad externa mental. El miedo es un afecto desagradable que consiste en modificaciones psicofisiológicas como respuesta a un peligro o amenaza realista a la propia existencia (Freedman, Kaplan y Sadock, 1975). En el miedo, el elemento amenazante está plenamente identificado por el sujeto que padece la emoción.
Estos autores también se refieren a la fobia como un temor patológico asociado a algún tipo específico de estímulo o situación.
La fobia específica se caracteriza por la presencia de ansiedad clínicamente significativa como respuesta a la exposición a situaciones u objetos específicos temidos, lo que suele dar lugar a comportamientos de evitación. (DSM-IV, 1995)
La persona fóbica se encuentra llena de ansiedad, permanece en estado de alerta crónico que le mantiene permanentemente frustrada y en una sobreexitación que le imposibilita percibir, valorizar y responder al entorno con libertad y adecuación. Evita tratar todo tema que involucre fantasías o una relación directa con el objeto, persona o situación que le pueda provocar una crisis de angustia. Su percepción y comportamiento están destinados únicamente a la evitación de la ansiedad. Por lo que integrarse o comprometerse con la consulta odontológica implica para este paciente exponerse a experimentar una crisis de ansiedad.
Es importante que, como especialistas de la salud que nos toca trabajar con diversidad de pacientes, tengamos conocimiento de esta distinción, de manera de poder diagnosticar y tratar a un paciente que presente una u otra de las actitudes afectivas descritas.
Para poder hacer un diagnóstico exacto, nosotros los psicólogos, odontólogos, médicos y psiquiatras nos valemos de la elaboración de la historia del sujeto y del reconocimiento clínico e instrumental. Sería recomendable tener en cuenta para dicho examen inicial, una trilogía presente en todo individuo. Esta trilogía es lo que algunos psicólogos llaman la "serie complementaria" y consiste en tres elementos que se complementan en la formación de la personalidad o carácter del individuo, como son: en primer lugar, la herencia o constitución física y mental con que venimos todos al mundo; en segundo lugar, el tipo de relaciones que establecemos con nuestros padres los primeros años de nuestras vidas; y en tercer lugar, los traumas que hemos experimentado en nuestra relación con el mundo exterior.
La capacidad que tenga una persona de superar una situación de ansiedad o fobia dependerá de cómo se ha formado y complementado cada uno de los elementos de la serie complementaria.
En cuanto al factor hereditario o constitucional, es importante reconocer la condición física y mental del individuo a través de un examen psicológico y médico-odontológico completo; enfermedades que haya padecido, herencia familiar a cierto tipo de enfermedades, tendencia a padecer repetidas veces una misma dolencia o afección. Esto es sumamente importante ya que existen ciertas enfermedades que se pudieran confundir con estados ansiosos agudos y crónicos, y que nos llevarían a emitir un diagnóstico y tratamiento errados si no hacemos un diagnóstico diferencial; por ejemplo, se debe diferenciar de enfermedades como hipertiroidismo, hiperparatiroidismo, trastornos del sistema vestibular, enfermedades cardíacas, enfermedades digestivas, trastornos de ansiedad y abstinencia por la utilización de cafeína, drogas o fármacos.
En el ámbito psicológico, los seres humanos venimos al mundo con tendencias mentales innatas dirigidas hacia la vida, la autoconservación y el amor; y hacia la muerte, dolor y destructividad. Por lo tanto, nos corresponde como seres humanos sanos orientar nuestros esfuerzos hacia la consecución de dicha constructividad y, hacia la evitación o control de nuestros impulsos destructivos. La patología se presenta cuando un individuo no tiene ni siente la capacidad mental para orientarse positivamente y para manejar sus actitudes agresivas.
El tipo de relaciones del niño con sus padres podría darnos una pista de la manera en que un individuo puede reaccionar y superar una situación de ansiedad o miedo. El período de gestación o embarazo también moldea la personalidad. En la clínica psicológica se encuentra que la permanencia de un feto en un ambiente hostil, rechazador y amenazador; podría generar en el feto y futuro bebé una actitud ansiosa y, en el peor de los casos, fóbica. Una madre que rechaza el embarazo, que vive en condiciones económicas y psicológicas precarias, que tiene dificultades con su pareja, con un esposo agresivo y ausente física y afectivamente, que tiene dificultades en el manejo de su sexualidad, o que tiene una salud bastante deteriorada y que afecta directamente el desarrollo de un embarazo sano; lleva al hijo a percibir su gestación como un estímulo o fuente de ansiedad o miedo. La matriz se convierte en un lugar aterrador y en muchas ocasiones, puede generar en el futuro fobias, como por ejemplo, la agorafobia o miedo a encontrarse en lugares donde la persona sienta que no puede escapar, se sienta encerrado o avergonzado.
La consulta odontológica puede ser vista por el agorafóbico como una de esas situaciones donde no sienta la libertad de escapar o donde se sienta avergonzado. De allí que estas personas asuman actitudes de evitación y no acudan a la consulta, o estando en ella quieran "escapar".
Otra situación que puede desencadenar ansiedad en un niño, y que generalmente continúa sintiéndose en la adultez, se refiere al manejo de la experiencia de la lactancia. Durante el proceso de la lactancia, existe una comunicación de sentimientos o sensaciones entre madre e hijo. Si la madre está ansiosa, agresiva o con dificultad para manejar sus propios impulsos o fantasías sexuales (las cuales generalmente se desencadenan a partir de la estimulación de la mama), comunicará estos contenidos mentales negativamente y los inoculará en el niño durante la lactancia. El niño absorbe no solamente la leche sino también todo el contenido mental transmitido por la madre. Como el lactante es un ser aún inmaduro mentalmente, no tiene la capacidad para discriminar el tipo de información que recibe o absorbe durante ese intercambio afectivo. En un futuro inmediato y mediato el sujeto puede llegar a mostrar rechazo a la ingestión de ciertos alimentos (en especial la leche y sus derivados), anorexia o bulimia, dependencia afectiva o infantilismo, puede mostrar actitudes agresivas persistentes y magnificadas por la boca como por ejemplo, la tendencia a morderse las uñas, morder a otras personas, decir palabras soeces o un discurso agresivo permanente, tartamudez, reflujo, acidez estomacal, úlceras gástricas, mal aliento, y todas aquellas afecciones que tengan relación directa con el sistema digestivo y fonador. Por supuesto, a un individuo con un tipo de relación frustrante o desagradable con su madre durante su lactancia, le resultará realmente incómodo y aterrorizante exponer su boca a otra persona a quien tiende a ver aversiva como lo fue para él su propia madre. Y los instrumentos que quieran introducirse en su boca también los captará como un peligro. Dentro de esos instrumentos se pueden mencionar las agujas o inyectadoras y el "taladrito" o turbina.
Otra de las experiencias generadoras de ansiedad o fobias, es la que en Psicología se llama: escena primaria. La "escena primaria" se refiere a la permanencia de los hijos en el cuarto matrimonial. Los niños que duermen con sus padres, ya sea en la misma cama o en la misma habitación, y que presencian o no la relación de pareja de sus padres (relaciones sexuales o agresivas) presentan la mayoría de las veces una cantidad de afecciones o enfermedades físicas y mentales (fobias, entre otras) asociadas a este hecho, y que generalmente se presentan en todas las zonas relativas a los cinco sentidos de percepción: gusto, olfato, tacto, visión, audición, y podríamos agregar el sentido de cinestesia o movimiento.
Presenciar y participar pasivamente de la relación de pareja de sus padres (en especial, de la relación sexual) es una de las mayores agresiones que puede experimentar un niño. Además, es importante enfatizar que mientras menor es el niño, mayor es el daño que recibe a su desarrollo mental, cuando es expuesto (sobre todo por una presencia larga y constante) a la escena primaria. Debido a la falta de madurez innata psicológica del niño, este no es capaz de procesar adecuadamente la información que recibe de dicha escena paternal y, generalmente, la percibe de manera distorsionada y precaria, ya que el niño hace uso de mecanismos de defensa poco desarrollados para enfrentarse a una situación que no comprende como lo haría un adulto. Esta situación obliga al niño a sentirse más impotente para enfrentarse al mundo exterior y a sentir vergüenza de su propio cuerpo que al compararlo con el de sus padres lo nota inferior o en desventaja de potencia y tamaño, esto merma su autoestima y su sentimiento de seguridad. Aunque los padres realicen la relación sexual de manera amorosa conscientemente, sin darse cuenta (en la mayoría de los casos) están enviando una carga de información que el niño siente amenazante y agresiva. Hay niños que reaccionan con actitudes de rechazo a dicha exposición llorando y enfermándose frecuentemente durante su permanencia en la alcoba matrimonial, pero otros niños se hacen cómplices involuntarios de sus padres ignorantes del daño que realizan a sus hijos.
En los niños de la escena primaria se presentan enfermedades físicas que muchas veces continúan en la adultez, como son: asma, enuresis, encopresis, alergias, caída del cabello, trastornos gastrointestinales recurrentes, estreñimiento, náuseas y vómitos, reflujo gástrico, inestabilidad, mareos o desmayos, taquicardias y opresión o malestar torácico, sin razones médicas aparentes.
Entre las consecuencias mentales por dicha exposición primaria, se encuentran: pesadillas, insomnio, dependencia exagerada de sus padres, masturbación compulsiva, niños que imitan del acto sexual de los adultos con otros niños (muchas veces con ambos sexos), y cuando llegan a ser adultos, con la pareja de turno; hiperactividad, actitudes ansiosas y agresivas en sus relaciones interpersonales, problemas con la autoridad a quien generalmente ven como amenazante y represiva, excesiva curiosidad sexual, y todo tipo de fobias: miedo a la oscuridad, tormentas, lluvia, ruidos (recuerde el sonido de la turbina), a enfermarse, a lo desconocido, animales, agorafobia, a las personas del sexo opuesto, fantasmas, aviones, a las alturas, y a los fenómenos naturales; es decir, miedo a todo.
El fóbico tiende a adjudicar al odontólogo el papel de los padres ansiosos, agresivos y controladores que en la escena primaria no pueden metabolizar las ansiedades del niño o el paciente ya adulto.
Y por último, el tercer elemento de la trilogía o serie complementaria es los traumas o situaciones estresantes que experimenta el individuo en el desarrollo de su vida. Aquí vale la pena mencionar específicamente un tipo de trastorno de ansiedad como lo es el Trastorno Por Estrés Postraumático que, según el DSM-IV, consiste en la aparición de síntomas característicos que sigue a la exposición de un acontecimiento estresante y extremadamente traumático (muertes, accidentes, heridos, enfermedades, ser testigo de la escena primaria durante su niñez y agresión, castigos, abuso sexual, atracos), y donde el individuo se ve envuelto en hechos que representan un peligro real para su vida o cualquier otra amenaza para su integridad física, para la de un familiar o persona cercana a él. El acontecimiento traumático tiende a reexperimentarse persistentemente a través de respuestas fisiológicas, recuerdos, imágenes, pensamientos o percepciones, sueños recurrentes sobre el acontecimiento, sensación de malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del trauma (aquí podemos incluir la turbina y su sonido, así como cualquier otro instrumento que se asocie con contenidos y experiencias agresivas y sexuales). El individuo víctima de un trauma busca evitar estos pensamientos, sentimientos o conversaciones, actividades, animales, objetos, lugares y personas (debe incluirse aquí también a los especialistas o personas que simbolicen poder y autoridad para el sujeto, como por ejemplo el odontólogo), que le recuerdan el hecho amenazante.
En el estrés postraumático podemos observar las consecuencias mentales y fisiológicas de una exposición extrema, pero en menor grado se pueden presentar algunos de estos signos en personas que no hayan pasado por traumas tan intensos, pero sí significativos para ellas.
Ahora, pasemos a hacer ciertas sugerencias de cómo abordar casos de angustia o fobias en los consultorios psicológico, médico y odontológico. Es de hacer notar, que mucho se ha sugerido ya al respecto, y solo nos queda resumir algunas de las técnicas o métodos que podrían ayudar.
El primer contacto que tiene el paciente (que viene por primera vez a consulta) con el odontólogo es sumamente importante para el futuro desarrollo de la relación odontólogo-paciente. Ya sea por teléfono o directamente en su consultorio, el paciente debe sentirse atendido y escuchado por el especialista. Para ello es indispensable que exista un "encuadre" y "rapport" positivos.
El encuadre se refiere al ambiente físico y mental con el que se recibe al paciente. Un consultorio arreglado de forma agradable, nada recargado, limpio, armonioso, con temperatura e iluminación adecuadas, en fin, relajante; puede considerarse un lugar propicio para que el paciente se sienta cómodo y calmado. También es esencial cuidar y mantener una actitud básica que refleje confianza, seguridad y empatía, con la cual el odontólogo enfrente su relación con el paciente.
El rapport o acuerdo armónico que caracteriza una buena relación entre dos personas, permite al odontólogo que el paciente entregue su confianza en él. El paciente generalmente tiende a transferir sobre la figura del odontólogo sentimientos, actitudes, temores y deseos; que si el especialista no los tiene conscientes y los maneja de manera positiva, orientándolos a favor de un rapport y un desarrollo adecuado de la consulta, podrían interferir como obstáculos en el proceso de abordaje y curación.
Se recomienda al odontólogo que se documente con conocimientos del funcionamiento o dinámica de la mente humana para que le permita comprender (asumiendo la comprensión como técnica terapéutica y generadora de soluciones creativas en el abordaje de sujetos fóbicos y con cualesquiera otras patologías) la situación psicológica del paciente. Parte de esos conocimientos ha sido expuesta en este artículo.
Su posición de poder y autoridad sobre el paciente, como subjetivamente tiende este a percibir en el odontólogo, podría ser un obstáculo ante un paciente ansioso o fóbico, pero el especialista puede aprovechar esta transferencia y convertirla en una herramienta de atención, sensación de protección y comprensión paternal que generalmente viene a bien en la relación con el temeroso sujeto. El paciente, hasta el más temeroso o desconfiado, "reconoce" su necesidad de ayuda, y espera en el odontólogo una guía, conocimientos, comprensión y sanación.
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