La succión del pulgar, así como la onicofagia, es común en nuestra sociedad. Se la
clasifica bajo síntomas especiales, como una perturbación de un hábito, y es una manipulación física
habitual.
La succión del pulgar es fisiológica durante los primeros meses de vida. Hacia el año, ese hábito cesa.
Durante momentos de tensión o durante la siesta o el sueño, la succión del pulgar puede considerarse
normal hasta que el niño tiene 3 años. Si esa actividad prosigue durante la primera infancia, se la
considera una indicación de disturbio emocional. Un quinto de todos los niños mayores de 6 años siguen
chupándose los pulgares.
La succión es una necesidad fisiológica fundamental y tiene valor de supervivencia para el ser humano.
Además, la actividad de la succión es importante para el desarrollo del rostro y las mandíbulas, y el
desarrollo del lenguaje.
Se puede acudir a la succión del pulgar como un medio de descargar una tensión, cuando la persona se
siente cansada o insegura. La succión alivia la ansiedad, al brindar una satisfacción oral autoerótica.
Por lo tanto, se obtiene consuelo y solaz sin la presencia de otra persona, como la madre.
Hay considerables controversias acerca de si esta succión produce una patología dentaria o no. La mayor
parte de los autores creen que, si una persona tiene una buena mordida y si ha heredado buenas
estructuras dentales, las posibilidades de desarrollar una mala oclusión a partir de la succión del
pulgar son leves. Además, si los dientes de leche no se desplazan, la corrección espontánea de la
mordida se produce después de la cesación del hábito.
Si una persona se chupa los dedos, después de la etapa de bebé, en una proporción que se convierte en
problema para su medio y para sí misma, está indicado el tratamiento. Esta clase de personas, para
quienes la succión se convierte en un problema, deben gozar de los beneficios de la consulta dental y
psicológica. Por ejemplo, a menudo un artificio dental puede ayudar a reducir la succión durante la
noche. Así mismo, el tratamiento psicológico puede ayudar a desaparecer la succión patológica y conocer
las causas e implicaciones psicológicas de ésta.
Debe tranquilizarse a los padres respecto de la naturaleza, relativamente benigna, de esta
perturbación.
Es útil asegurarse el interés del niño por el éxito del tratamiento destinado a eliminar el síntoma. Sin
embargo, el esfuerzo terapéutico principal debe dirigirse hacia los problemas emocionales generales que
demuestra el paciente. La dificultad específica de la succión del pulgar puede minimizarse, si no
ignorarse. (Texto extraído del libro: El niño perturbado de L. Eisenberg, S. Chess y otros).